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Corpus Hermeticum
De Hermes a Tat: el mar, la unidad.
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1 - Dado que el Creador hizo el mundo todo, no con las manos sino por palabra,
así pues piénsalo presente y siempre existente, hacedor de todas
las cosas, Uno Unico, como habiendo por propia voluntad creado los seres.
Porque de verdad son ellos su Cuerpo, intangible, invisible, inconmensurable,
más allá de la dimensión, incomparable con cualquier
otro cuerpo; porque no es fuego, ni agua, ni aire, ni espíritu, sino
todas las cosas a partir de él.
Ahora pues, siendo bueno, no sólo para sí quiso ofrecerse este
cuerpo y embellecer la tierra,
2 antes bien envió aquí abajo al Hombre como ornamento de este
cuerpo divino: ser vivo mortal ornamento del ser vivo inmortal.
Y si bien el Universo aventaja a los seres vivos en que vive eternamente,
el Hombre a su vez le aventaja por la razón y por la inteligencia.
Contemplador de la obra del Dios vino a ser pues el hombre, y se admiró,
y aprendió a conocer al creador.
3 De la razón ¡oh Tat! el Dios hizo partícipes a todos
los hombres, pero no así de la inteligencia: y no lo ha hecho porque
cele del hombre, pues los celos no vienen de lo alto, nacen aquí abajo
en las almas de los hombres que no tienen inteligencia.
- ¿Y porqué, pues, ¡oh Padre!, el Dios no ha dado a todos
la inteligencia?
- Porque, hijito mío, quiso ponerla ante las almas como premio del
combate.
- ¿Y dónde la puso?
- Envió a la tierra un mar enorme de inteligencia, apostó un
heraldo y le mandó proclamar al corazón de los hombres lo siguiente:
"¡Báñate en este mar de la inteligencia tú
que eres capaz, tú que crees que retornarás al que lo envió,
tú que sabes para qué has nacido!"
Por consiguiente, todos cuantos aceptaron el mensaje y se bañaron en
la inteligencia, todos se hicieron particípes del conocimiento y llegaron
a hombres perfectos, acogedores de la inteligencia.En cambio todos los que
se negaron al mensaje, estos tales son los "racionales", los que
no se procuraron la inteligencia, los que ignoran porqué nacieron y
de quién provienen.
5 Los sensaciones de estos hombres son semejantes a los de los animales irracionales,
y como su temperamento es pasión y cólera, son incapaces de
admirar las cosas dignas de ver, antes se dedican a los placeres y a los apetitos
corporales, y piensan que para eso han nacido los hombres.
Por el contrario, los que se hicieron partícipes del don del Dios,
¡oh Tat!, éstos, por comparación de conductas, son inmortales
en oposición a aquellos, mortales: abarcan en su propia inteligencia
todas las cosas, las que están en la tierra, las que están en
el cielo, y lo que se puede encontrar más allá del cielo.
Tanto se han elevado a sí mismos que vieron el Bien, y viéndolo
consideraron la vida de aquí abajo como un simple pasatiempo, y, menospreciando
todas las cosas corporales e incorporales, se apresuran hacia el Uno y Unico.
6 Esta es, ¡oh Tat! toda la ciencia de la inteligencia, abundancia de
cosas divinas y comprensión del Dios, pues el mar del que hablamos
es divino.
- ¡oh Padre! yo también quiero bañarme en él!
- Pero si primero no odias al cuerpo, ¡oh hijito!, no te puedes bienamar:
amándote tendrás la inteligencia, y poseyéndola participarás
también de la ciencia.
- Pero Padre, ¿qué dices?
- Que es imposible, hijito, adherirse a ambas cosas, a las mortales y a las
divinas: porque como hay dos clases de seres, unos corpóreos y otros
incorpóreos, en los que reside lo perecedero y lo divino, al que quiera
elegir no le queda sino optar por uno u otro, porque es imposible hacerlo
por los dos, y no quedando sino que elegir, el desechar del uno manifiesta
la energía del otro.
7 Ahora bién, el hecho de elegir lo mejor no sólo deifica al
hombre que ha optado por la hermosura sino que además testifica de
su religiosidad.
En cambio al escoger lo peor, el hombre se autodestruye, y aunque no sea en
sí un falta contra el Dios, hay una cosa cierta y es que, dejándose
arrastrar por la sensualidad física, se pasea por el mundo a como esos
agrupaciones que avanzan en medio de las manifestaciones, y que sin hacer
nada útil no dejan de molestar a los demás.
8 Estando las cosas así, ¡oh Tat!, hemos gozado y siempre gozaremos
de las cosas que vienen del Dios; pero de las cosas que resultan de nosotros
que tengan sus consecuencias: la causa de nuestros males no es el Dios sino
nosotros mismos, porque las preferimos a los bienes.
¿Ves pues, hijito mío, cuántos cuerpos necesitamos atravesar,
y cuántos coros de genios, y la sólida cadena de las estructuras
y los caminos de los astros, a fin de que nos apresuremos hacia el Uno y Unico?
Porque inagotable es el Bien, ilimitado e interminable, porque tampoco tiene
un comienzo, bien que para nosotros parece comenzar cuando empezamos a conocerlo.
9 El conocimiento del bien no es causa de su principio, pero el empezar a
conocerlo nos sugiere que recién comienza.
Tomémosnos de su comienzo y caminémoslo entero a prisa.
Porque es un camino lleno de obstáculos el de abandonar lo acostumbrado
y lo presente para regresar a lo antiguo y original.
Lo que vemos nos complace y desconfiamos de lo que no vemos. Pues lo pernicioso
es lo más conspícuo, el Bien, en cambio, es invisible a los
ojos. Porque no tiene aspecto ni nada que lo pueda representar, y en consecuencia,
solo se parece a sí mismo y es distinto de todo lo demás: es
imposible que lo corpóreo pueda representar lo incorpóreo.
10 Esta es la diferencia entre lo semejante y lo distinto, y lo que le falta
a lo distinto para llegar a lo semejante.
(... laguna del texto ...)
Por consiguiente, la Unidad, que es principio y raíz de todas las cosas,
está en todas las cosas como raíz y principio. Nada existe sin
principio, y el principio no proviene de nadie sino de sí mismo, porque
en efecto es principio de todo lo que existe.
Siendo la Unidad un principio, abarca a todos los números y no es abarcada
por ninguno, y engendra a todos los números y no es engendrada por
ninguno de ellos.
11 En efecto, todo lo que ha sido engendrado es imperfecto y divisible, capaz
de crecer y disminuir. Pero nada parecido ocurre con lo perfecto. Lo que aumenta,
aumenta gracias a la Unidad, pues está condenado por su propia debilidad
a no poder prescindir de la Unidad.
Esta es, pues, ¡oh Tat!, la imagen del Dios que dibujé para tí
de acuerdo a mis posibilidades. Si con rigor la contemplas y la observas con
los ojos del corazón, créeme hijito, encontráras el camino
hacia las cosas superiores. Digamos mejor, será la misma imágen
la que te mostrará el camino.
La contemplación tiene una virtud propia: se apodera de los que han
contemplado una vez y se los atrae a sí, como el imán atrae
al hierro.
NOTA : Donde el texto dice "mar ", el original dice "crátera"
(vasija empleada por los griegos para guardar el vino y el agua), y donde
dice "unidad " el texto griego dice "mónada".