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Corpus Hermeticum
Tratado V. De Hermes a su hijo Tat |
Que el Dios, no siendo manifiesto, es lo que más manifestado está.
1 Voy a desarrollar este tema para ti, ¡oh Tat!, para que no te falte
la iniciación al Dios que es superior a todo nombre.
Debes saber que lo que a la mayoría parece inmanifiesto será para
ti lo más manifiesto. No podría ser lo que es si no fuera inmanifiesto:
porque todo lo que se ve ha sido engendrado: hubo un día en que comenzó
a manifestarse . En cambio lo inaparente es eterno, y no necesita de la manifestación.
Porque eternamente existe y provoca que todas las demás cosas se manifiesten,
es no manifestado, y lo es desde siempre.
Siendo el manifestador de todo, él mismo no se manifiesta, engendra,
y no es engendrado, hace que las cosas se vean, pero no se deja percibir por
los sentidos. Pues la representación sensible es cosa de los seres que
han sido engendrados: ya que nacer no es otra cosa sino ser perceptible en la
representación sensible.
2 Por tanto es evidente que el Unico no engendrado es a la vez inimaginable
e inmanifiesto, y el que hace que todas las cosas pasen por la fantasía,
él mismo se muestra a través de todas las cosas y en todas las
cosas, y mucho más a aquellos de los cuales quiso dejarse ver.
Tú, pues, ¡hijito mío Tat!, ruega primero al Señor,
Padre y Sólo, y no Uno sino por el cual el uno existe, que te conceda
entender al Dios tan inmenso y que permita que sus rayos, aunque no sea más
que uno, ilumine tu inteligencia. Solo la inteligencia ve lo invisible porque
ella misma es invisible.
Cuando seas capaz, se aparecerá, ¡oh Tat! a los ojos de tu inteligencia:
no es celoso el Señor y se deja ver a través de todo el mundo.
¿Acaso puedes ver la inteligencia y tomarla con las manos y contemplar
la imagen del Dios? Y si no puedes ver lo que está en ti ¿cómo
podría El, en ti mismo, dejarse ver a tus ojos?
3 Si lo quieres ver, considera al Sol, piensa en el curso de la Luna, considera
el orden de los astros ¿quién conserva el orden? (Todo orden implica
un principio determinante respecto del número y del lugar).
El Sol, dios supremo de los dioses del cielo, al cual todos los dioses del cielo
reverencian como rey y dinasta, ese mismo Sol, tan inmenso, más grande
que la Tierra y el mar, admite encima de él a sus menores, los orbitantes
astros. ¿A quién reverencia, hijo mío, a quién teme?
Cada uno de estos astros que están en el cielo ¿no realizan un
curso similar o equivalente? ¿Quién fijó para cada uno
la manera y el tamaño de su giro?
4 Mira la Osa que gira sobre sí misma y que arrastra en su girar a todo
el estrellado cielo. ¿Quién es el dueño de esta máquina?
¿Quién circunscribe al mar en sus límites? ¿Quién
asentó la Tierra? Porque hay alguien, ¡oh Tat!, amo y creador de
todas estas cosas. No se conservaría lugar o número o medida ninguna
si no existiera un creador. Porque todo lo que es desorden, vacío y falta
de medida no supone un creador, y aún esto mismo no carece de amo, hijito,
porque si lo que carece de orden es incompleto, todavía posee, esto es,
la manera del orden, porque aun así está bajo el dominio del amo
que todavía no le impuso el orden.
5 ¡Ojalá se te concediera tener alas y alzarte por el aire, y allí,
en medio del Cielo y de la Tierra, pudieras ver el corazón de la Tierra,
el fluir de las olas del mar, las corrientes de los ríos, el libre flotar
del aire, la agudeza del fuego, la carrera de los astros, la rapidez del Cielo,
su girar siempre sobre el mismo punto! ¡Oh qué panorama feliz,
hijo mío, contemplar de una sola vez todas estas cosas, lo inmóvil
en movimiento, y lo inmanifestado manifiesto en su creación! Tal es el
orden del cielo y tal la belleza del orden.
6 Si quieres por otro lado mirar por los seres perecederos que habitan sobre
la tierra y en las profundidades, considera, hijo mío, cómo el
hombre es creado en el vientre, examina con atención la técnica
de tal creación y aprende a conocer quién es el creador de esta
bella y divina figura que es el hombre. ¿Quién cinceló
la órbita de los ojos? ¿Quién perforó los orificios
de la nariz y de los oídos? ¿Quién abrió la boca?
¿Quién tendió los tendones y los ató? ¿Quién
canaliza por las venas? ¿Quién solidificó los huesos? ¿Quién
cubrió la carne de piel? ¿Quién separó los dedos?
¿Quién aplanó la planta del pié? ¿Quién
abrió los conductos? ¿Quién alargó el bazo? ¿Quién
hizo al corazón en forma de pirámide? ¿Quién adaptó
el ....? ¿Quién expandió el hígado? ¿Quién
cavó las concavidades del pulmón? ¿Quién creó
el ancho espacio del vientre? ¿Quién puso en evidencia las partes
más nobles y quién ocultó las vergonzosas?
7 ¡Mira cuántas técnicas para un mismo material y cuántas
pinceladas para un mismo diseño, y todas admirablemente bellas y exactamente
conmensuradas, tan diversas unas de otras! ¿Quién pues ha creado
tantas maravillas? ¿Cuál madre y cuál padre sino el Dios
inmanifiesto que por su propia voluntad creó todas las cosas?
8 A nadie se le ocurre que una pintura o una escultura hayan sido hechas sin
pintor o sin escultor. Y esta Creación ¿acaso nació sin
Creador? ¡Oh colmo de ceguera, colmo de impiedad, colmo de irreflexión!
No se te ocurra nunca, oh hijo, separar la criatura del Creador ... mas bien
y aún más es más grande que cuanto puede estar implicado
en la palabra Dios! Tal es la grandeza del Padre de todas las cosas: porque
El es el único que es Padre y, ser padre, ésa es la actividad
que le es propia.
9 Y si me fuerzas a que diga algo más audaz te diré que la naturaleza
del Dios no es otra cosa que dar a luz y crear todas las cosas, y dado que nada
puede venir a la existencia sin el Hacedor, no puede El existir eternamente
si no es creando siempre todas las cosas: las del Cielo, las del aire, las de
la tierra, las que están en las profundidades, en todas las partes del
mundo, en la totalidad del Todo, en lo que respecta al ser y en lo que hace
al no ser.
En esta Totalidad nada hay que El no sea. El mismo es las cosas que son y también
las cosas que no son, porque de las cosas que son El hizo que aparecieran, pero
a las que no son las conserva dentro de El.
10 El es el Dios superior a todo nombre, El, el inmanifestado, El, el más
manifiesto. Que ve por la Inteligencia, que es visible a los ojos, que es incorporal,
que es muchos cuerpos, o mejor que es todos los cuerpos. Nada es que El no sea:
todo lo que es, todo lo es El también, y por eso es nombrado con el nombre
de todas las cosas, porque, por ser el Padre del Todo, no tiene un nombre que
le sea propio.
¿Quién podría bendecirte más de cuanto Tú
mereces o Te corresponda? ¿A dónde miraré para bendecirte?
¿arriba, abajo, adentro, fuera? No hay ninguna forma, ningún lugar
en derredor Tuyo, ni ninguno en absoluto de todos los seres: todo está
en Ti, todo existe por Ti. Todo das y nada recibes, porque todo lo tienes y
nada hay que Tú no poseas.
11 ¿Cuándo te cantaré himnos? No hay época ni tiempo
conveniente para Ti. ¿Y sobre qué asunto Te cantaré? ¿Por
las cosas que has hecho o por las que todavía no hiciste? ¿Por
las que has manifestado o por las que tienes ocultas? ¿En razón
de qué Te cantaré? ¿Como siendo mi propio dueño,
como teniendo algo propio, como siendo otra cosa? Porque Tú eres lo que
soy, lo que hago, lo que digo. Porque Tú eres Todo y no hay más
nada: lo que no es, Tú lo eres. Tú eres todo lo que ha nacido
y todo lo que no ha nacido, Pensador, eres la Inteligencia, Creador, eres el
Padre, Dios en tanto que dador de la energía, Bueno en tanto que Hacedor
de todo.